Ir a la dietética y asumir que todo lo que encontramos allí es saludable puede ser un error. En una nueva columna de Segundos Afuera, la nutricionista Luciana González Ramela puso bajo la lupa los productos que suelen presentarse como “light”, “naturales” o “protein” y dejó algunas claves para comprar de manera más inteligente.
El primer consejo fue sencillo: mirar la lista de ingredientes y no quedarse con lo que promete el frente del envase. “Si es un alimento empaquetado, lo primero que voy a hacer es mirar la denominación de venta del producto y lo segundo que voy a hacer es ir a la lista de ingredientes”, explicó.
González Ramela puso como ejemplo a las barritas de cereal, los turrones y algunos panes integrales que suelen asociarse con una alimentación saludable. En uno de los productos analizados, el primer ingrediente era jarabe de glucosa. “Los primeros tres ingredientes que aparezcan son básicamente de los que está hecho ese producto”, remarcó.
También se refirió a los sellos negros y aclaró que no necesariamente significan que un alimento deba descartarse. “Los sellos no siempre demonizan alimentos, simplemente nos traen información”, sostuvo. Como ejemplo mencionó al maní, que puede tener varios sellos pero continúa siendo un alimento nutritivo, con proteínas y grasas saludables. La clave, en ese caso, está en la porción.
La especialista también cuestionó la idea de que un producto sea mejor simplemente porque tiene más proteínas. Comparó dos yogures de una misma línea y explicó que muchas veces el precio aumenta considerablemente por incorporar ese atributo. Su propuesta fue buscar esas proteínas en alimentos reales y más accesibles.
Entre sus recomendaciones aparecieron la soja texturizada, la levadura nutricional, las semillas, la avena, la quinoa y las lentejas turcas. Sobre estas últimas destacó especialmente su practicidad: “Las lentejas turcas las cocinás en tres minutos, y son una fuente de hierro y de proteínas maravillosa”.
La nutricionista también explicó algunos errores frecuentes en el consumo de estos alimentos: las semillas pequeñas pueden molerse y conservarse en la heladera, la avena requiere atención según el tipo que se compre y tanto el amaranto como la quinoa deben cocinarse antes de consumirlos.
Como cierre, González Ramela dejó una idea que resume el eje de la columna: “Consideremos alimentos reales en un 80% de nuestra alimentación y les puedo asegurar que vamos a tener salud alimentaria y vamos a además ahorrar muchísimo dinero”.
La propuesta, entonces, no pasa por demonizar productos ni por contar calorías de manera obsesiva, sino por aprender a mirar qué estamos comprando y darle mayor lugar a los alimentos reales. Una guía práctica para la próxima vez que recorramos una góndola de supermercado o una dietética.