China dio un nuevo paso en la regulación de la inteligencia artificial al implementar normas específicas para las denominadas IA emocionales, aplicaciones diseñadas para mantener conversaciones cada vez más naturales y generar compañía para sus usuarios.
Las autoridades sostienen que este tipo de herramientas puede fomentar la adicción, crear falsas relaciones sentimentales y provocar una fuerte dependencia psicológica, especialmente entre adolescentes y personas vulnerables. Por ese motivo, las empresas deberán cumplir nuevos requisitos para ofrecer este tipo de servicios.
Entre las medidas se incluyen mayores controles sobre las funciones emocionales de los asistentes, la obligación de identificar claramente que el usuario está interactuando con una inteligencia artificial y restricciones para evitar comportamientos que puedan inducir apego o manipulación emocional.
La decisión posiciona a China como uno de los primeros países en establecer una regulación específica sobre este tipo de tecnologías, en un contexto en el que las IA conversacionales ganan cada vez más protagonismo y abren un debate mundial sobre sus límites y su impacto en la salud mental.