Cuando Nueve semanas y media llegó a los cines de Estados Unidos el 21 de febrero de 1986, nada hacía pensar que se convertiría en un hito cultural. La crítica la destrozó, el público la rechazó y la recaudación apenas alcanzó los 6 millones de dólares, muy lejos de su presupuesto. Sin embargo, la película encontró su destino en otro lugar: el VHS y, sobre todo, su música.
La banda sonora fue decisiva para que el film trascendiera. Adrian Lyne, obsesivo con el clima emocional de cada escena, terminó construyendo un catálogo sonoro que sintetiza el pop sensual de los 80: Eurythmics, Corey Hart, Bryan Ferry y una selección que oscilaba entre lo sofisticado y lo provocador. Pero hubo dos momentos musicales que marcaron para siempre la identidad del film.

El primero fue la escena de la comida. Lyne confesó que no lograba que funcionara hasta que encontró una melodía inesperada: Bread and Butter, de The Newbeats. Un tema ingenuo, casi juguetón, que contrastaba con la tensión erótica de la secuencia y terminó convirtiéndose en uno de los pasajes más recordados.
El segundo, y más decisivo, fue You Can Leave Your Hat On. La canción había sido compuesta por Randy Newman en 1972, pero la versión que Joe Cocker grabó en 1986 —justo para el estreno del film— cambió su carrera. Su voz áspera, cargada de dramatismo, transformó el tema en un himno sexual. La escena del striptease de Kim Basinger, musicalizada con esa interpretación, se volvió un símbolo cultural y llevó a Cocker a un nuevo nivel de popularidad global. Desde entonces, la canción quedó asociada de manera inseparable al erotismo cinematográfico.
El impacto fue tal que la banda sonora vendió millones de copias y se convirtió en uno de los discos más influyentes del cine comercial de los 80. En Europa y América Latina, donde la película llegó más tarde, el efecto fue aún mayor: el film se volvió un éxito masivo, impulsado por su música y por la circulación en video. La recaudación internacional superó los 100 millones de dólares, transformando un fracaso inicial en un fenómeno global.
Mientras tanto, detrás de cámara, el rodaje había sido complejo. Kim Basinger atravesó un proceso difícil, marcado por maltratos y un clima de trabajo hostil. Mickey Rourke, en cambio, gozaba de la complicidad del director. Ese contraste se filtró en la pantalla y, con el tiempo, en la lectura crítica del film.
Las carreras de ambos actores parecieron despegar tras el estreno, pero el impulso duró poco. Rourke se perdió en excesos y decisiones erráticas; Basinger, pese a su talento, debió luchar para ser tomada en serio en una industria que la encasillaba por su belleza.
Cuatro décadas después, Nueve semanas y media sigue viva por una razón clara: su música. Fue la banda sonora la que convirtió escenas en rituales, canciones en clásicos y un film fallido en un ícono pop. Y fue también la música la que le dio a Joe Cocker uno de los mayores éxitos de su carrera, un tema que aún hoy enciende pistas, shows y fantasías.
