Un trágico 3 de febrero de 1959 marcó el final abrupto de tres figuras emergentes del rock and roll: Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. “The Big Bopper” Richardson, quienes perdieron la vida junto al piloto en un accidente de avión en Iowa, Estados Unidos.
La madrugada de ese día, Holly, Valens y Richardson se encontraban realizando la gira “Winter Dance Party” por el Medio Oeste norteamericano, cuando Holly decidió charterizar un pequeño avión para evitar un frío y agotador viaje en autobús hacia su próxima presentación. Valens obtuvo su asiento tras ganar un lanzamiento de moneda, y Richardson cedió su lugar a otro músico por recomendación médica.
El avión Beechcraft Bonanza despegó desde el Aeropuerto Municipal de Mason City alrededor de la 1 h rumbo a Moorhead, Minnesota, pero poco después de despegar encontró mal clima y perdió el control, estrellándose en un campo de maíz cerca de Clear Lake. Todos los ocupantes murieron en el impacto.

La noticia conmocionó al mundo de la música y quedó inmortalizada en la cultura popular como “El día que murió la música” (“The Day the Music Died”), una frase que luego el cantautor Don McLean incorporó en su himno de 1971, “American Pie”, símbolo de una época y del fin de una era en el rock & roll.
Buddy Holly, entonces de 22 años, ya era una figura establecida con hits como “That’ll Be the Day” y “Peggy Sue”. Ritchie Valens, con solo 17 años, había alcanzado fama con temas como “Donna” y “La Bamba”. The Big Bopper, de 28, se destacaba por “Chantilly Lace” y su carisma radial.
Ese suceso permanece como uno de los momentos más trágicos y recordados de la historia del rock, no solo por la pérdida de talento, sino por el impacto cultural que generó décadas después.