sábado 17 de enero de 2026 - Edición Nº234
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Cine y Series | 16 Jan

SERIES

Heated Rivalry, la serie furor en el mundo que llega a Argentina

En tan solo días, la producción canadiense basada en la serie de libros "Game Changers" de la autora Rachel Reid, se volvió un fenómeno en internet. La historia sigue a dos jugadores de hockey, eternos rivales, que terminan enamorándose entre el hielo y habitaciones de hotel.


La adaptación de Heated Rivalry, basada en los libros escritos por Rachel Reid y creada y dirigida por Jacob Tierney, se convirtió en uno de los éxitos inesperados de 2025 a nivel mundial. Con tan solo seis episodios, este romance queer generó una fiebre.

Allí se presentan sus protagonistas: Shane Hollander, capitán del equipo de hockey Montreal Voyageurs, e Ilya Rozanov, estrella de los Boston Bears y su eterno rival. De cara al público, ambos se "detestan" y dentro de la pista de hielo se enfrentan con una rivalidad feroz. Sin embargo, lejos de las miradas ajenas, comienzan a vincularse de otra manera hasta terminar como amantes o lovers, cómo diría Ilya.

Connor Storrie como Ilya Rozanov.

La serie se estrenó en la plataforma canadiense Crave, de Bell Media, y fue replicada en distintos países a través de HBO MaxHudson Williams interpreta al metódico y centrado Shane Hollander, mientras que Connor Storrie encarna al carismático y rebelde Ilya Rozanov.

 

HBO ya transmitía la serie para sus suscriptores en Estados Unidos, pero ahora ampliará su alcance a países de Latinoamérica en febrero de 2026.

 

La respuesta de la crítica y el público no se hizo esperar. Apenas dos semanas después del estreno en Estados Unidos y Canadá, y con solo dos episodios emitidos, la serie se viralizó. A medida que la conversación online crecía y el contenido relacionado se multiplicaba, medios como Harper’s Bazaar reconocieron a Heated Rivalry como una de las mejores series LGBT de la historia y uno de los grandes éxitos de la temporada.

Sin embargo, no todas las voces críticas se pronunciaron a favor del programa. En los últimos años, la representación LGBT en los medios se ha convertido en un tema central, con especial énfasis en la necesidad de contar historias auténticas. En ese marco se expresó el actor Jordan Firstman (de I Love L.A., otra serie emitida por HBO Max).

Las escenas sexuales son el principal motivo por el que Heated Rivalry se convirtió en tendencia global. Con dosis equivalentes de Secreto en la montaña y 50 sombras de Grey, la serie no escatima en mostrar el sexo entre sus personajes, con encuadres cuidados, una tensión erótica constante y un ritmo que oscila entre la pasión y el romance. Firstman afirmó que la serie “no se siente gay”, y más tarde aclaró en TikTok que, aunque le parecía divertida y sexy, no le resultaba una representación de sexo gay realista.

Los comentarios de Firstman circularon rápidamente entre los fans, y el elenco de la serie respondió sin demora. François Arnaud replicó preguntándose si existe una única forma de mostrar el sexo gay en televisión, y si el de jugadores de hockey en el clóset debería parecerse al de los gays de Los Ángeles.

Finalmente, la polémica se diluyó cuando comenzaron a circular fotos de Firstman con Hudson Williams en redes sociales, quizá como parte de una estrategia de HBO Max para calmar las aguas entre dos producciones del mismo sello. Sin embargo, las críticas de Firstman no resultan del todo infundadas. Heated Rivalry está basada en la saga de novelas Game Changers, escrita por Rachel Reid, seudónimo de la autora canadiense Rachelle Goguen. El primer libro fue publicado en 2018 y le siguieron cinco títulos más, centrados en jugadores de hockey con romances secretos.

En 2023, Reid declaró al Washington Post que sus novelas nacen del enojo frente a la cultura homofóbica del hockey, y que constituyen un ataque directo a la Liga Nacional de Hockey.

El éxito de Heated Rivalry se inscribe en un fenómeno que incluye a Love, Simon y Heartstopper, obras basadas en best sellers juveniles LGBT escritos mayormente por autoras. Se trata de una tendencia de mercado orientada a experiencias queer “auténticas”, pero dirigida a un público específico, en especial mujeres.

Los sectores más críticos han denominado a estos productos “gaystreaming”, un fenómeno que apunta a una representación queer edulcorada, diseñada para el consumo masivo sin un compromiso real con la complejidad de las experiencias LGBT.

No obstante, también es importante reconocer el valor emocional de este tipo de producciones y su efecto terapéutico en las audiencias. La sensación de refugio, el romanticismo y la justicia poética pueden ofrecer consuelo en un mundo cada vez más hostil con las disidencias sexuales. Tal vez, en este contexto, convenga recordar las palabras de Blanche al final de Un tranvía llamado deseo: “No quiero realismo, quiero magia”.

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