Carlos Palotta, integrante del grupo de investigación histórica Eslabón Perdido, brindó nuevos detalles sobre la presunta presencia de un submarino nazi y movimientos vinculados a la posguerra en cercanías de Necochea. Lo hizo en diálogo con el programa Código Abierto, que se emite por K2 Radio.
Según explicó Palotta, la información más reciente surge del testimonio de Helmuth Petersen, hoy de 90 años, quien en 1945 residía en la estancia Moromar. De acuerdo a su relato, en ese lugar no solo observó el desembarco de marineros alemanes, sino también el aterrizaje de un avión estadounidense en el mismo período.
El investigador detalló que Petersen aportó además una fotografía del avión, acompañada por un escrito donde se consignan la fecha, el lugar y las circunstancias en las que fue tomada la imagen. “Es un testimonio más que elocuente que se suma a los ya planteados en esta investigación y que confirma lo ocurrido”, afirmó Palotta.
En ese sentido, remarcó que los hechos se inscriben en un contexto histórico complejo. “En toda esta historia de la posguerra hay muchas cuestiones que hay que investigar. Todos sabemos que Alemania y Estados Unidos eran rivales, pero falta determinar qué ocurrió con el fin de la guerra y el inicio de la posguerra”, señaló.
El testimonio resulta particularmente relevante porque ubica a un avión norteamericano en territorio argentino, en el mismo sitio y en la misma época en que se habría producido el desembarco de marineros alemanes provenientes de un submarino nazi.
“Este señor vio a los marineros del submarino y da detalles que coinciden con lo que se informó hace un par de meses, cuando se habló de marinos alemanes que estuvieron de paso por nuestra ciudad y de uno de ellos que se quedó en Necochea”, agregó Palotta.
Desde Eslabón Perdido subrayan que uno de los aspectos más importantes de la investigación es la coincidencia entre los distintos testimonios recabados y las fechas aportadas, lo que refuerza la hipótesis que vienen trabajando desde hace años.
Finalmente, Palotta aclaró que, pese al cúmulo de evidencias y relatos, la investigación aún carece del reconocimiento oficial del Estado, un punto que consideran clave para avanzar en la validación histórica de los hechos.