El 2 de julio de 2005, la música alcanzó un nuevo punto de unión en Live 8, una serie de once conciertos benéficos que se celebraron simultáneamente organizados por Bob Geldof y Midge Ure para exigir a los países más ricos del planeta una acción decidida frente a la crisis africana. Con shows simultáneos en Londres, París, Berlín, Tokio, Filadelfia, Johannesburgo y más, el evento puso el foco en la pobreza, la deuda y el comercio justo justo antes de la cumbre del G8 en Gleneagles.
En Hyde Park, Londres, más de 200.000 personas vibraron con una apertura histórica de Paul McCartney y U2 interpretando “Sgt. Pepper’s…”. A lo largo de más de diez horas, desfilaron estrellas como Coldplay, Madonna, Elton John, Sting, Robbie Williams y las míticas reapariciones de The Who y Pink Floyd, esta última en su primer show juntos tras 24 años.

Las redes y medios digitales jugaron un papel clave: transmisiones en vivo vía AOL, blogs, SMS de apoyo, y un alcance estimado en 2.000 estaciones de radio y 182 canales de TV, con una audiencia global de hasta 2 mil millones de personas.
El mensaje de presión resultó contundente: los líderes del G8 se comprometieron, tras la cumbre, a duplicar la ayuda a África —de 25 a 50 mil millones USD para 2010— y avanzar en el perdón de la deuda de los países más vulnerables.
Impacto y legado:
Live 8 no solo fue una superproducción musical, sino un poderoso catalizador global. Conectó géneros, generaciones y medios, colocando la responsabilidad política en primera plana. A diferencia de Live Aid, esta edición combinó entretenimiento con activismo digital y una mirada clara hacia la justicia económica.
El festival Live 8 se llamó así porque fue organizado para coincidir con la cumbre del G8, el grupo de los ocho países más industrializados del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia).

El nombre es una evolución del Live Aid de 1985, también impulsado por Bob Geldof, que recaudó fondos para combatir la hambruna en África.
En esta ocasión, Live 8 no buscaba recaudar dinero, sino ejercer presión política y mediática sobre los líderes del G8, que se reunirían pocos días después en Escocia.
El objetivo era «hacer ruido» para forzar compromisos concretos: más ayuda para África, condonación de la deuda externa y reglas comerciales más justas.
“No es caridad, es justicia. No queremos su dinero, queremos su voz”.
Así, “Live 8” resume el espíritu del evento: música en vivo (“Live”) al servicio de un llamado global de justicia económica dirigido a los 8 líderes más poderosos del mundo.