El mes pasado, Oliver Bones y Christopher Plack, un par de investigadores especialistas en el campo de la neurociencia de la Universidad de Manchester y de la Universidad China de Hong Kong, respectivamente, publicaron un estudio que explica por qué a tus padres no les gusta la música que escuchás. Y sí, es por la edad.

El estudio llamado «Perder la música: la edad afecta la percepción y la representación neural subcortical de la armonía musical», se trata sobre cómo la edad afecta el sistema auditivo. Los dos investigadores descubrieron que la capacidad del cerebro para distinguir entre ciertos sonidos disminuye a medida que la persona envejece. Eso explica por qué a las personas mayores no les gusta tanto la música.

El estudio se basa en la diferencia entre los acordes consonantes y disonantes. Estos términos describen dos conceptos opuestos. Un acorde consonante incluye dos o más tonos que quedan bien juntos y produce un sonido agradable. Un acorde disonante produce un sonido caótico y desagradable. Consonancia significa «sonar junto» y disonancia significa «sonar separado». La música experimental tiende a usar acordes disonantes mientras que el pop se apoya en la consonancia.

Tras definir estos conceptos, el estudio dividió a los participantes en dos grupos: los menores de 40 años de edad y los mayores de 40 años de edad. Después se tocaron una serie de notas en escala y se le pidió a cada grupo que calificara qué tan agradable sonaban. Durante el experimento, se grabó la «respuesta de seguimiento de frecuencia», con la cual se mide qué tanto responden las neuronas de los pacientes a sonidos diferentes.

«En el experimento descubrimos que los acordes disonantes resultan más agradables que los consonantes para el grupo de edad más avanzada», dijo Christopher Plack, jefe de investigación, para VICE. Es sorprendente porque existe una serie de razonamientos matemáticos que comprueban que los acordes disonantes son menos armoniosos. Entonces, si la consonancia les parece menos armoniosa y la disonancia es más agradable, el rango medio de la diversidad musical para la gente mayor es más insulso. Como dijo Plack: «parecía que no percibían la diferencia entre la consonancia y la disonancia».

Además, la investigación comprobó que a medida que envejecemos, también se deteriora nuestra codificación temporal. La codificación temporal regula el momento en que el cerebro dispara neuronas e influye directamente en nuestra capacidad para distinguir entre los sonidos consonantes y los sonidos disonantes. «A medida que envejecemos, las neuronas en el cerebro pierden la capacidad de representar las fluctuaciones rápidas de los sonidos», explicó Plack. «Esto explica por qué nos estancamos en la música que nos gusta y no nos interesan las ideas nuevas».

Según Oliver Bones, el asistente de investigación, perder la capacidad de distinguir los acordes repercute en nuestra apreciación musical. «Es imposible disfrutar la música sin la disonancia porque si no tenemos un sentido de disonancia, entonces tampoco se percibe la consonancia», explicó. «Esta distinción es de suma importancia para la música occidental y determina el ‘tono’ de la música». También señaló que el rango de emociones que evoca la música se debe a que entendemos el tono de forma intuitiva.

Lo bueno es que aún hay esperanza para las personas mayores cuya codificación temporal está disminuyendo. «Escuchar mucha música y apreciarla desde un punto de vista musical puede llegar a fortalecer la respuesta neural a la música», dijo Plack. «Entonces, mientras más música escuches, más receptivas se vuelven tus neuronas».

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