Una copa de vino al día hace bien al cerebro

Una copa de vino al día hace bien al cerebro

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Según una nueva investigación con ratones, el consumo moderado de alcohol ayudaría a eliminar la basura del tejido cerebral, incluida la que causa el Alzheimer.

Los científicos llevan décadas debatiendo sobre los supuestos beneficios para la salud de una copa diaria de vino.

Está documentado científicamente que la ingesta excesiva y prolongada de etanol, la forma de alcohol que contienen las bebidas, además de dañar el hígado y el sistema circulatorio, también afecta negativamente a nuestro sistema nervioso y produce atrofia cerebral.

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Scientific Reports muestra por primera vez que “dosis bajas de alcohol son potencialmente beneficiosas para el cerebro y mejoran su capacidad de eliminar la basura que se acumula”, según las palabras de Maiken Nedergaard, directora de la investigación y codirectora del Centro para la Neuromedicina Translacional del Centro Médico de la Universidad de Rochester (EE. UU.).

La investigación de Nedergaard y sus colegas ha puesto la lupa en el sistema glinfático, un mecanismo de limpieza de desechos, líquido y sustancias extracelulares.

Los investigadores demostraron que el líquido cefalorraquídeo es el que se ocupa de expulsar compuestos nocivos como las proteínas beta-amiloides y tau (las principales sospechosas de causar el Alzheimer y otros tipos de demencia) del tejido cerebral.

Los resultados de la nueva investigación indican que la ingesta desmedida de alcohol durante largos periodos de tiempo, en ratones, perjudica sus habilidades cognitivas e incrementa los niveles de inflamación en los astrocitos, un tipo de células nerviosas –diferentes a las neuronas– claves para que funcione correctamente el “sistema de recogida de basuras” en el cerebro mamífero.

Pero a su vez, los investigadores también comprobaron que los ratones expuestos a dosis bajas presentaban menos inflamación en los astrocitos si se comparaban los marcadores moleculares con los congéneres “abstemios”. Además, el líquido cefalorraquídeo de los bebedores moderados era también más eficiente a la hora fluir por el tejido nervioso y expulsar los residuos.

De acuerdo con Nedergaard, su trabajo respalda el “modelo con forma de J”, es decir, que el consumo de alcohol puede ser beneficioso en cantidades pequeñas, pero, a partir de un umbral, se disparan sus efectos nocivos en la salud.

Estudios anteriores ya habían destacado que la ingesta entre baja y moderada estaba asociada a un menor riesgo de padecer demencia, mientras que el abuso prolongado de la bebida aumentaba las posibilidades de sufrir un declive cognitivo.

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