Internet: ¿cómo impacta en nuestra vida?

Internet: ¿cómo impacta en nuestra vida?

Un informe se propone medir la Salud de Internet de acuerdo a cinco ejes.

Internet es parte de nuestra vida y cada vez es más difícil evitar estar conectados. En algún punto, se ha naturalizado su presencia, tanto que los más chicos no entienden qué hacíamos antes de que existiera. Sin embargo, es importante distanciarse, al menos unos momentos, y reflexionar sobre ella. ¿Qué implica que todo esté conectado, o que toda nuestra información esté en la nube? ¿Quiénes son sus “dueños”? ¿Somos todos iguales?

La Fundación Mozilla publicó recientemente su Informe sobre la Salud de Internet 2018, donde aborda la experiencia humana de Internet a partir de cinco temas: privacidad y seguridad, apertura, inclusión digital, alfabetización digital y descentralización.

Entienden que la calificación de 2017 como “un año terrible para la tecnología” significa que, en realidad, cada vez son más las personas que descubren el verdadero impacto que Internet tiene en nuestras sociedades, economía y bienestar personal. Por lo tanto, comienza a asociarse la salud de Internet a un asunto humano.

Lo cierto es que nuestra vida digital ya es parte de nosotros, no es algo separado de la realidad. Por lo tanto, es preciso evaluar qué provoca. En líneas generales, el reporte concluye que hay cosas que, de a poco, mejoran: el acceso, los precios asequibles y la encriptación; mientras que, en simultáneo, empeora la censura, el acoso en línea y el uso de energía.

Los ejes abordados revisten mayor complejidad de lo que dejan ver. Por ejemplo, el hecho de que los modelos de negocio se asocien a la recopilación de datos está acompañado de un riesgo constante de que toda esa información que brindamos se filtre y nos exponga. Sin embargo, aun no consideramos el uso de contraseñas o la protección de nuestros dispositivos con suficiente seriedad. Se espera que para 2020 haya 30 mil millones de dispositivos conectados en el mundo. Con cada uno de ellos sin contraseña, o con una clave débil, Internet se vuelve un poco más frágil.

Por otra parte, si bien destacan que Internet se rige desde sus inicios por una idea de apertura para innovar y colaborar, advierten que esto está en riesgo. Entre sus causas señalan el bloqueo de aplicaciones móviles o el cierre de Internet por parte de distintos gobiernos; la presión de los grupos de medios para expandir la propiedad intelectual; o la búsqueda de control por parte de las corporaciones para obstaculizar la innovación (y, por lo tanto, la competencia).

Otro aspecto interesante es la desigualdad. Casi la mitad de la población mundial ya está conectada. Sin embargo, las desigualdades se reproducen en la web: los sectores que sufren un trato desigual (personas con bajos ingresos, comunidades rurales, mujeres, minorías) tienden a ser los últimos en conectarse. Y cuando lo hacen, enfrentan costos altos y accesos de mala calidad, de acuerdo al informe. Estas diferencias tienen eco, además, en la privacidad y la seguridad, dando lugar al acoso digital.

Esto se relaciona también con la alfabetización digital. A pesar de que nos parezca increíble, para manejarnos correctamente en Internet se necesitan muchas más competencias que saber utilizar buscadores y redes sociales. Y esto no solo aplica para navegar seguros sino también para poder estar atentos ante la información falsa que circule.

Tampoco es posible dejar afuera, si se piensa en la salud de Internet, a sus dominadores. Exceptuando a China, cinco empresas estadounidenses se reparten el control de la web a nivel mundial, por lo que la descentralización es una utopía.

Lo que nos suceda en la web, la forma en la que esté estructurada y las empresas que la diseñen y administren son todos factores que influirán en nuestra vida cotidiana. Pero nosotros ya no somos espectadores. Somos usuarios de esta red global, con capacidad de consumir pero también de producir.

Dejá tu comentario

Loading Facebook Comments ...

SIN COMENTARIOS

Deja una respuesta