Hicieron la primera prueba pública de una conexión 5G en la Argentina

Hicieron la primera prueba pública de una conexión 5G en la Argentina

Movistar y Ericsson hicieron hoy en Buenos Aires la primera demostración pública de 5G en nuestro país. El 5G es la tecnología que sucede al 4G que está disponible desde 2014 en la Argentina . Promete más velocidad para acceder a Internet y conexiones más eficientes, pero tiene una particularidad interesante: es el primer estándar de este tipo donde el foco ya no está puesto en el usuario convencional. Es decir, ya no es una tecnología que busque optimizar el vínculo del celular con internet en general, porque es un estándar mucho más ambicioso.

Este nuevo protocolo de conectividad inalámbrica estará disponible en forma comercial, en el mundo, entre 2019 y 2020. La rapidez con la que se difunda y llegue a la Argentina dependerá, entre otras cosas, del surgimiento de dispositivos que puedan aprovecharlo, de una demanda que lo exija, y una legislación -es decir, asignación de frecuencias- que lo habilite.

Para el usuario común

El argumento de venta principal del 5G para las personas es tener mayor velocidad para acceder a servicios digitales: en la prueba en la oficina de Telefónica, con la presencia del ministro de modernización, Andrés Ibarra, el vínculo montado en el edificio de la compañía alcanzó 22 gigabits por segundo de velocidad.

Pero esto (que es muchísimo) es en una muy particular prueba de laboratorio. El ancho de banda promedio estimado que tendrá el 5G en un par de años es de 30 o 40 megabits por segundo, con picos más altos, según Adrián Di Meo, director de redes de Telefónica Argentina. “La idea es que pueda competir en capacidad con la red fija. En la industria hay gente más optimista, que habla de 300 Mbps.” Como referencia, el promedio nacional del 4G hoy está en unos 12 megabits por segundo; el promedio internacional es de 16 Mbps.

El mundo conectado

Pero un acceso más veloz para que un video cargue más rápido en el celular de una persona no es el objetivo principal del 5G, sino “hacer explotar la promesa de la Internet de las cosas”, en palabras de Federico Rava, el COO de Movistar.

Es que los cálculos son que hoy hay unos 7000 millones de dispositivos conectados a las redes celulares en todo el mundo. En pocos años superarán los 20.000 millones, cortesía de las ciudades inteligentes (donde los tachos de basura y los colectivos tienen una conexión a Internet), de los hogares inteligentes, de las fábricas y depósitos donde cada cosa tiene un chip celular y está enviando y recibiendo datos de Internet, de los autos conectados, etcétera. Al menos, eso sueñan en la industria.

Para abastecer a esa demanda, el 4G convencional no alcanza: hay que repensar cómo se hace una red de telefonía móvil, cómo se distribuye la información, cómo se atiende a miles de dispositivos conectados en simultáneo, en movimiento, demandando gran cantidad de datos. Con la llegada del 4G, por ejemplo, el volumen de información distribuida por la red se duplica año a año.

Así, las antenas (que usan frecuencias mucho más altas que las actuales; la que se probó en Movistar es de 28 GHz) están pensadas para tener más capacidad, atender a más dispositivos por antena, ofrecer una cobertura mejorada. Pero el problema clásico del país (los problemas para instalar nuevas antenas, que limitan la robustez del servicio) sigue estando, advierte Di Meo.

Una buena noticia es que el 5G está pensando para mayor eficiencia energética, porque va más allá de los teléfonos y contempla dispositivos con poca energía, o que deben hacer durar años una batería porque no tienen alimentación convencional, por lo que en principio debería tener un menor impacto en la batería (al menos, hasta que se active la paradoja de Jevons, que marca todo el desarrollo informático).

El otro elemento nuevo que trae el 5G es la reducción de la latencia de la red, el tiempo que tarda un pedido de información de un dispositivo en recorrer la red y llegar a otro servidor. Y no tiene que ver con el ancho de banda disponible, sino con una demora intrínseca a la red (es la que hoy impone una pausa, o un retraso, en una conversación teléfono a grandes distancias, o vía internet; o la que hace que algunos juegos online sean inviables desde la Argentina, porque la demora en que un personaje virtual registra una órden hace imposible competir).

En las redes 5G, la latencia será de 1 o 2 milisegundos, en teoría. ¿Para qué? Para poder manejar un robot cirujano que está en un quirófano del otro lado del planeta; o un dron a kilómetros de distancia, o maquinaria pesada. O para que un auto autónomo pueda enviar y recibir información clave para su andar, y no haya una demora entre que pregunta si debe tomar una curva y recibe la respuesta.

Cuándo estará disponible

En el mundo, el objetivo es tener listo el 5G para 2019/2020, con los Juegos Olímpicos de Japón como vidriera. A partir de ahí, dependerá de la inversión que se haga en las redes, de la demanda de los usuarios, de la motivación para tener una conexión de este tipo, de la elección de las frecuencias (que todavía no están definidas; las de 4G serán complementarias).

Di Meo calcula que el despliegue en el país debería ser similar al del 4G: medio año para tener un servicio razonable en Buenos Aires y alguna otra ciudad, tres o cuatro años para cubrir el resto del país. Hoy, dicen Claro, Movistar y Personal, el 80 por ciento de la población vive en zonas con cobertura 4G.

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