El gasto diario en comidas limita las estadías en la Costa

El gasto diario en comidas limita las estadías en la Costa

El país se volvió previsible: hace un mes se decía que las vacaciones serían caras. Ahora se confirma. En Mar del Plata una familia tipo, ajustando mucho el cinturón, necesita $500 como mínimo por día para comer. En Pinamar, sin restaurantes ni lujos, $850. Pero la realidad es más compleja y por supuesto más onerosa.

A sólo tres días del arranque de la temporada alta, los precios son el tema del verano. Las vacaciones no son sinónimo de derroche, sino un tiempo de descanso interrumpido por los espasmos que provoca comprobar lo que cuestan las cosas. Para los turistas, la clave pasa por cuidar el bolsillo. Y así y todo, no son pocos los que al final del día se terminan sorprendiendo por el efectivo que gastaron casi sin darse cuenta.

Hay todavía más. Muchos de los que hacen turismo exprés, incluso, dicen que tocan la playa y se van, entre otras cosas, para no gastar más de lo que pueden. La comida, dicen, es lo que limita las estadías. Alejandro Díaz, de Temperley, pasó las fiestas en Mar del Plata junto a su mujer y su hija, y ahí nomás pegó la vuelta. “Suficiente con tres días intensos y la noche del 31 y el primero incluidas. Gasté como si hubiéramos estado diez días de vacaciones. Ahora pensamos volver, una semana, pero a fines de mes o recién en febrero, cuando esperamos que los precios bajen”.

En Mar del Plata, con el paso de las horas, hay diferentes horarios “calientes”, que varían según el plan de viaje. Pero los jefes de familia, con chicos, son los que más sufren. “Cuando venís con nenes gastás todo el día … Tenés que buscar la manera de ir acomodándote a las distintas tentaciones que se te van presentando”, le decía a Clarín ayer, Javier Mansilla, un contador de 35 años que a media tarde caminaba por la calle Güemes con su esposa y sus dos varones menores de 10 años.

Entre las familias, el momento en el que más se vuelve necesario resistir empieza a la tarde. Después de la ducha, hay que pasear. “Se me fueron $200 entre heladitos, un rato en los jueguitos y una remera que le compré a la nena”, contó Alejandro, un papá de Banfield.

En Pinamar, el gasto diario de una familia de cuatro personas supera los $850 por día, siempre sin contar alojamiento y combustible. El mediodía es el momento en que se escapa más dinero. No se ven opciones de almuerzo relativamente barato y como casi no hay oferta ambulante, la alternativa para comer son los paradores. En ellos, un plato de rabas cuesta entre $80 y $100 pesos, una hamburguesa $66 y una ensalada ceasar $70. Es decir, una familia tipo tiene un piso de $300 a $350 diarios sólo de almuerzo, y siendo muy pero muy austera.

Por suerte para los comerciantes, este verano Pinamar está recibiendo a los que por lo exorbitante le dijeron que no a Punta del Este. “Venimos de Punta del Este y ahí sí está todo carísimo. Acá, dentro de todo, son precios más normales, similares a los de Buenos Aires”, decían ayer un grupo de amigos en el parador Hemingway, de Cariló.

En Uruguay y Brasil, el problema es mayor. La comida ambulante no admite tarjetas y muchos paradores tampoco, por lo tanto ahí no hay maniobra que valga ni devolución de IVA ni nada que se le parezca.

En las playas brasileñas, el dinero quema sobre todo a la tarde, cuando se quiere comer un choclo o un barrita de queso parrillero. Como eso no se puede pagar con tarjeta, hay que usar el efectivo y multiplicar el valor en reales por 4,6 para saber a cuánto equivale en precios.

¿Y Punta del Este? La cena, el momento de la sacudida. Para sentarse en cualquier restaurante se calcula una base mínima de $ 200 por persona, una cifra que se puede multiplicar hasta por cinco en los sectores más exclusivos. Si se paga con tarjeta de crédito, lo que hacen todos los que están cortos de dólar billete, hay que tener en cuenta el recargo del 35% que se compensa con la devolución del IVA (22%) que implementó el Gobierno uruguayo para los plásticos emitidos en el exterior.

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