El show literario de Patti Smith en el CCK

El show literario de Patti Smith en el CCK

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La artista estadounidense realizó su primera presentación en el museo porteño, en una gala donde su humanidad, su voz, junto a la música, el diálogo, la literatura argentina y las artes visuales generaron un ambiente íntimo, que la llevó a la emoción junto al público.

Patti Smith. Can’t help falling in love. Esta frase, hecha canción en su voz, inmortalizada ayer por Elvis, retumbó en una Sala Sinfónica de pie, a través de un acompañamiento vocal del público que no fue otra cosa que un abrazo a través de las palabras. Fue un gesto recíproco hacia la humartista, quien durante su primera gala en el CCK, sometió a todos a una sesión de hipnosis que nunca debería haber finalizado, un encuentro que tuvo tanto de recital de poesía como de diálogo cautivante y de mini concierto.

Así fue la despedida. Con ella, la humartista, con lágrimas en los ojos, con el pañuelo verde anudado a su brazo izquierdo y su can´t hel falling in love. La bandana, que representa a las mujeres que reclaman para que el aborto gratuito sea ley, fue arrojado por una joven arrojó al escenario con anterioridad -cuando en una reflexión sobre lo que convertía a las personas en outsiders de la sociedad- incluyó “a las mujeres que no se les da la oportunidad de tomar decisiones sobre su propio cuerpo”. Entonces, cuando todavía faltaba mucho para el grand finale, lo posó sobre el atril, presente, pero a la espera.

Si se busca Patti Smith en wikipedia se leerá que es cantante, poeta, escritora, fotógrafa y otros virtudes, ella -por su parte- reconoce que “no puede decir más que ‘hola’ en español”, ya que “entre sus virtudes no se encuentra la de aprender idiomas”, pero de lo que no parece consciente es que ese viaje sensible que ofreció sobre su vida, con memorias, singsonging, sueños, dulzura, vientos, compromiso, momentos de humor y mucha humanidad, deberían obligar a los sitios de búsqueda a redefinirla, a inaugurar una nueva categoría de artista, la del humartista.

La velada tuvo en Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional Argentina, un anfitrión cómplice, que orquestó un agasajo de poesía argentina a través de lecturas. Así se unieron al escenario Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Cecilia Romana y María Elena Walsh – también ovasionada-, quien con su Canción de cuna para un gobernante enamoró a Patti a tal punto que, luego de leerla, la eligió como una de las dos canciones que tocará en un evento a beneficio en su regreso a EEUU, apoyando el movimiento juvenil que se está levantando a favor del control de ventas de armas.

El escenario, solo vestido con los esencial, tuvo también a Guillermo Kuitca; el artista argentino, curador de la muestra Les visitants del CCK -que incluye fotografías de Patti-, y en palabras de Manguel el “cerebro detrás de todo esto”, se sumó al diálogo colaborativo a través de imágenes intervenidas de las propias fotos de la humartista, que se proyectaron sobre el fondo.

La noche comenzó con Patti recordando como en la pobreza de su infancia en Chicago solo había libros para jugar y que, lógicamente, todos les pertenecían a sus padres, así que su madre, “una camarera que solo estudió hasta décimo grado” -16 años-, le enseñó “orgullosa a leer antes de ingresar al colegio” y cómo a partir de entonces no pudo desprenderse de la lectura -desde que iba a la cama hasta cuando daba un paseo- e incluso, hoy, “no puede ir al baño sin un buen libro”.

Y ella, la humartista, tomó el micrófono, acompañada en guitarra o piano por Tony Shanahan, bajista de su banda desde hace 22 años, para abrir el recital con su poema The wind child y luego su “pequeña canción” Wind, pensada para su hija Jesse, que tenía 6 años cuando su padre, Fred “Sonic” Smith, ex guitarrista de la mítica MC5, falleció; “escrita con dos objetivos: mostrarle una realidad y un deseo, los de atravesar los momentos difíciles que vivimos y también disfrutar de los hermoso que es estar vivos”.

Así, regresó ya su adolescencia, cuando “las lecturas de Arthur Rimbaud y William Blake la transportaron” y reveló cómo el británico se convirtió en el autor de su primera canción poética, cuando caminando en los bosques, recitaba The Tyger con una melodía, hábito que denominó singsonging, y que fue vital para su futura carrera.

Antes de realizar un exquisito cover de It’s a dream de Neil Young, confesó: “Sueño todo el tiempo, camino soñando, cuando escribo, para mí siempre fueron muy importantes. Incluso hoy, como escritora, cuando paso momentos difíciles lo único en lo que puedo contar es con mis sueños. Mientras más escribís sobre ellos, más te das la oportunidad de moverte en mundos paralelos”.

Por su puesto, Robert Mapplethorpe, el gran fotógrafo con quien convivió y uno sus grandes amigos, “que le enseñó a vivir el arte desde otro lugar”, estuvo presente a través de la lectura de una carta que ella le escribió 10 días antes de que muriera. “Con él también aprendí que todo el dolor de haberlo perdido, no podía tapar la alegría de haberlo conocido”.

La música regresó al spotlight con una tierna versión de Grow old with me, de John Lennon y Yoko Ono, siguió con su Beneath the southern cross, del álbum Gone again, dedicada a otro de los grandes confidentes de su vida, el escritor Sam Shepard y hasta se animó a cantar A hard rain’s a-gonna fall, aquel tema que le hizo vivir “uno de los momentos más horrorosos de su carrera”, cuando olvidó su letra durante la entrega del premio Nobel de Literatura entregado a Bob Dylan en 2016, evento que le enseñó que “la perfección no es tan importante, en comparación con ser humano”. Eso sí, esta vez no se animó a hacerlo “sin la letra en la mano”.

Y entonces, ella, Patti Smith, la humartista, tomó la guitarra por última vez esa noche. Y las unísono las voces rompieron la timidez para entonar Can’t help falling in love. Y sí, no se puede evitar enamorarse de ti, Patti Smith.

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