Además, el ex Led Zeppelin explica por qué se niega a escribir sus memorias.

Esperá un minuto, se me esta por escapar el perrito”, dice Robert Plant mientras aleja el teléfono en su casa en Inglaterra, en la frontera con Gales. Después de unas vacaciones en Marruecos, Plant suena ansioso, mientras se prepara para lanzar su nuevo disco, Carry Fire [Se editó al cierre de esta edición]. Lo grabó con un grupo de músicos bajo el nombre de Sensational Space Shifters, muchos de los cuales trabajaron por primera vez con él en 2002, y regresaron en 2014, después de los discos que Plant hizo con Alison Krauss y The Band of Joy, y de la reunión de Led Zeppelin en 2007. Con un equipo diverso de músicos de distintas partes del mundo, la banda mezcla música de raíz de Medio Oriente, celta y también de Estados Unidos. “Es un poco salvaje, un poco loco en su concepto”, dice Plant, de 69 años, quien planea girar por el mundo con los Space Shifters a partir de febrero de 2018. “Tenemos un ímpetu comunitario, que siempre llevamos con nosotros sin importar los otros proyectos que hagamos. Es como una hermandad, la verdad.”

Muchos de tus contemporáneos de los 60 siguen de gira, pero la mayoría no lanza música nueva regularmente.

Cualquiera que se meta en la música y dé un par de shows va a querer seguir haciéndolo. ¿Pero cómo lo hacés? ¿Cómo seguís? ¿Ponés todo en la valija otra vez y tocás en vivo? ¿O buscás la creatividad, otra aventura, y tratás de impresionar a la gente que muchas veces quiere escuchar cómo las cosas eran antes en lugar de cómo son ahora? Es lo que he tratado de hacer. Después de perder a John [Bonham] en 1980, esperé dos discos antes de salir de gira, y cuando lo hice, no toqué nada de Zeppelin.

¿Cómo te sentiste saliendo de gira sin Zeppelin por primera vez?

Como si hubiera colapsado mi mundo. ¿Pero qué pasaba al principio, cuando no tenía nada y todavía no había hecho ninguna jugada? Tuve que salir a inventarme una. Así que di vueltas durante años. Y me mantuve interesado por cosas, y terminé sintiéndome contento con lo que hago.

Una canción nueva repite la frase: “Una pared y no un cerco”, una cita directa de Trump.

Cuando la dijo por primera vez, pensé: “Oh, me gusta eso, ¿dónde lo escuché antes?”. Todo el mundo que tuvo una cierta neurosis dijo: “Construyamos un muro” [“build a wall”], desde el primer hombre de las cavernas hasta la Gran Muralla China, y así sucesivamente. El sólo fue el último personaje en ir a ese lugar.

¿Cómo ves a Trump?

Llegué al punto en el que ya no lo puedo ver. Los medios lo convierten en un festín estridente. Decidí que hay un proceso que va a tener que resolverse y rectificarse solo a su debido tiempo. Lo cual va a ocurrir. Mantengo la cabeza agachada y me disuelvo en los libros.

Viviste en Austin antes de volver al Reino Unido hace tres años. ¿Cómo fue esa época?

Maravillosa. La comunidad de ahí me recibió muy bien, y me expuse a muchos músicos geniales, y toqué un montón de shows muy buenos. Patty Griffin y yo empezamos un grupo llamado Crown Vic. Me compré un viejo auto de policía y fuimos en él a un festival en Marfa, Texas, escuchando la música apropiada. Pero quizás estaba un poco demasiado viejo para esa jugada. Fue con mucho pesar que decidí volver a Gales. Fue como una gran derrota.

¿Por qué te fuiste, entonces?

Extrañaba a mi familia y quería algo de paz. Sin ponerme cursi, extrañaba las montañas y el clima húmedo galés. Me gusta el clima del que la gente se escapa.

¿Cómo es tu vida allá?

Tengo muy buenos amigos y un gran perro. Juego al tenis. Juego al fútbol todos los miércoles a las 7 de la tarde.; lo hago hasta que alguno me dice: “Andá al arco, parece como si te fueras a morir”. Después alguien trae rápido un desfibrilador.

El año pasado, pasaste dos semanas con tus viejos compañeros de banda para pelear por los créditos de “Stairway to Heaven”. ¿Lo sentiste como los viejos tiempos?

[Risas] Em, bueno, lo que alguna vez fue una cita después se transforma en un café. Básicamente resultó en eso, un café de vez en cuando. Pero nada íntimo.

Estamos acercándonos al décimo aniversario de Celebration Day, de Zeppelin. ¿Cómo recordás esa noche?

Fue magnífica. Esa noche metimos un golazo, algo de lo que teníamos miedo. Probablemente tuvimos más nervios ahí que lo que creíamos. Nuestra interpretación fue crucial, pero pudimos reproducir el sonido de manera muy confiable, así que nos dio para ser malvados y además sonar malvados. Algunos de los recitales horrendos de esa época no tenían calidad.

Gene Simmons hace poco dijo que el rock está muerto. ¿Estás de acuerdo?

No tengo idea de dónde empieza o termina el rock. ¿Empezó con Link Wray? ¿Empezó con “Rocket 88”, de Jackie Brenston? ¿Terminó con Black Flag? Creo que sigue estando, pero se transforma. Y ojalá se siga transformando por mucho tiempo.

Casi todas las estrellas de rock excepto vos escribieron un libro de memorias. ¿Vos lo vas a hacer?

Nunca. Lo que yo sé, en mi cabeza, no tiene precio. Es magnífico, a veces doloroso, pero en general alegre. Hubo subidas y bajadas, y muchas aventuras. Y me gusta guardar el secreto.

 

Nota realizada por revista Rollings Stone

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