Calamaro: “Ya no soy el viejo Andrés que no dormía jamás”

Calamaro: “Ya no soy el viejo Andrés que no dormía jamás”

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Andrés Calamaro vuelve al disco con The Romaphonic Sessions, una obra muy austera que no comulga con la noción de mercado ni suena complementaria a las demandas en torno a una estrella rock & pop acostumbrada a la escala estadio. Junto al pianista Germán Wiedemer, director de su habitual banda de acompañamiento, el cantautor llevó adelante dos sesiones en los porteños estudios Romaphonic poniéndole su voz a tangos, clásicos de su obra (solista y en grupo) y a piezas de sus admirados Litto Nebbia (Nueva zamba de mi tierra) y Leo Maslíah (Biromes y servilletas).

Piano y voz, cero afectación. Mayor economía de recursos, incluso, que Tinta roja (2006), aquel saludable capricho tanguero producido por Javier Limón. ¿Por qué este enfoque y por qué ahora? ¿Qué impulsos, qué motivaciones habrá tenido Andrés? “Caramba. Todos los músicos deberíamos grabar un disco en dos días. Siempre es un buen momento para grabar según la vieja escuela”, despacha Calamaro vía correo electrónico.

“Tampoco es la única música que tengo grabada o disponible. Esta semana grabé canciones para el gran cine español, tengo un fragmento de participación musical en la mega construcción de Javier Corcobado (Canción de amor de un día), se publicaron dúos con Juan Gabriel y El Langui, y espero la edición pronta de colaboraciones de categoría con artistas flamencos, más discos universales de tributo y la confirmación de una colaboración que, de ocurrir, va a ser francamente histórica”, añade el músico, quien al momento de ir al hueso apunta que con estas grabaciones había pensado en imprimir 500 vinilos numerados. “Una edición pequeña de estas que pasan desapercibidas _especifica_. Pero los que hacemos los discos pensamos que este podía ser un álbum ‘oficial’ y una gira posterior. Confío en el instinto y el buen hacer de aquellos que construyen artefactos musicales todos los días”.

The Romaphonic Sessions fue catalogado por “El Salmón” como un nuevo envío, el tercero para ser precisos, de sus Grabaciones encontradas. Y lo hizo pese a que no se trata de un compilado de versiones documentadas en diferentes circunstancias o situaciones de estudio.

Calamaro: “Grabaciones encontradas son grabaciones de archivo. No es un disco flamante de estrenos. Grabaciones encontradas nunca promete ser lo que no es. También es cierto que aquella colección quedó descontinuada en algún momento del siglo pasado, pero después de discos en estudio, películas en blanco y negro, discos en vivo y colaboraciones de todos los colores, creemos que presentar esta clase de grabación como ‘materiales de archivo’ es un buen aporte a la sensibilidad de las gentes y el instante.

–La añoranza profunda de “Nueva zamba de mi tierra”, ¿la sentiste alguna vez? ¿Llegaste a sentir algo cercano al desarraigo?

–Bueno, soporto bien el desarraigo, soporto bien la distancia cuando estoy lejos. Pero es una canción importante (y una hermosa canción de Litto Nebbia). Me atrevo a apelar al sentimiento de ser parte de un país o del terruño.

–Como Germán es el director musical de tu banda, descuento que le tenés confianza absoluta. Aun así, es probable que en la previa de esta grabación hayan tenido que trabajar especialmente su vínculo creativo. ¿Fue así?

–Una tarde grabando fue la “cocina” para unos ensayos que hicimos dos meses después en Madrid. Fuimos a grabarnos informalmente para mostrar el repertorio a dos compañeros de Madrid y que entren en contacto con composiciones de la categoría de los tangos, Nebbia y Biromes. Grabamos primero y ensayamos después.

–¿Este el disco de máxima pureza de toda tu obra? Digo en cuanto a economía de recursos y personal involucrado.

–Escucho mayormente jazz y son grabaciones realizadas en un día o dos. Sin ser jazz, esta grabación tiene eso. Es un buen ejercicio. Grabar, no mirar atrás… Mayor economía no existe, pero espero ser constante y seguir grabando así porque tampoco me aguanto temporadas interminables en el estudio. Con estar unas pocas horas grabando ya me alcanza. No soy el viejo Andrés que no dormía jamás.

–Fernando Trueba te dio el visto bueno sobre el material. En el sobre interno te observó que tenía “el óxido justo” aun cuando en tu cabeza era una maqueta. ¿La idea era que él te produjera algo más barroco?

–Tenemos una amistad con Don Fernando, hablamos mucho de música y yo aprendo porque es un intelectual ameno y auténtico. Estábamos citados para almorzar y hablar de proyectos. Él había escuchado estas grabaciones aquella misma mañana y dijo literalmente: “Esto ya es un disco”. Era lo que esperaba escuchar, fueron palabras adecuadas dichas en el momento justo. Por entonces, las grabaciones quedaron en una referencia para ensayar en trío. Don Fernando me presento una idea ambiciosa, un repertorio que abarcaba mucho. Volvimos al estudio con Germán para probarme en aquel contexto, pero preferí postergar la propuesta fernandina y transcurrir el otoño sin involucrarme en un disco. Sin otro compromiso que comprar buenos alimentos, pedir discos por correo, leer libros y escribir todos los días un poco. Pura vida.

Acción y reacción

Los poetas de Biromes y servilletas, de Maslíah, “no pretenden gloria ni laureles”. La elección de este tema, más allá del antecedente de que Andrés lo interpretó junto a Hugo Fattoruso y Fernando Cabrera en Montevideo, puede interpretarse como una exaltación de bohemia citadina en detrimento de lo expansivo que es todo en el entretenimiento. Una reacción a las escalas paquidérmicas, a los megavatios. ¿Irá por ahí? “Digamos que me interesa más una próxima novela de Michel Houllebecq que un próximo disco de Neil Young o… ¡Foo Fighters!”, contesta Calamaro.

Y redondea: “A veces me propongo terminar de una vez con las giras; entonces, me tomo unos meses sabáticos. Me gusta ensayar, incluso ir por la tarde a probar sonido, pero la exigencia de cantar siempre inspirado y en buenas condiciones vocales es mucha. Pero sé reconocer (aceptar) que vivo de cantar y no tengo ahorros o fortuna para abandonarme a la lectura por completo. En tanto y en cuanto a los discos, es extraño grabar discos y que no existan disquerías, que la costumbre de comprar un álbum haya desaparecido casi por completo. ¡Hay un público de chiflados que cree que criticando todo (con insultos incluidos) se consagra apenas por encima de su propia existencia unidimensional!”

Andrés contrasta con lo expuesto “la entrega infinita” con la que lo esperan en muchas países. “Pero no estoy interesado en el rock como cuestión excluyente _confirma_. No escucho esos discos, ni leo apenas las revistas británicas. Me gusta mi vida ‘austera y cultural’ cuando puedo cultivarla. Las pequeñas delicias. Categoría”.

–En la presentación del disco, ¿vas a interpretar a la manera de un crooner o dispondrás de otro piano? ¿Tocarás la guitarra?

–De momento voy a escuchar el trío cuajando y cantar. No descarto tocar algún instrumento pero tampoco lo tengo decidido. Cantar en teatros, sin mis compañeros eléctricos, es un compromiso interesante y exigente. Con el trío pero solos frente al silencio de un público sentado. Los teatros son un deseo del público y los cantantes, sí. Pero también son un compromiso. Espero que resulte inspirador y tengamos buenas sensaciones en el escenario. Seré un crooner modestísimo, no voy a llenar los teatros con un tenor digno de Placido Domingo. Quizás en los ensayos me sume con algún instrumento, pero primero quiero escuchar al trío y permitir que encuentren su sonido propio sin interferencias.

–Salvo “Milonga del trovador”, el resto de los tangos del disco se compusieron entre 1934 (“Soledad”) y 1943 (“Garúa”). ¿Por qué te enfocás específicamente en esa época del género?

–No soy especialista en tangos: voy aprendiendo según elijo alguno para cantar. En este caso, la canción rioplatense contemporánea viene firmada por Nebbia y Maslíah. No soy un explorador del dos por cuatro. El que realmente consiguió hacer algo contemporáneo (con el tango) es Daniel Melingo: un artista natural. Es nuestro Muddy Waters.

–Inflación galopante, encono permanente, restauración conservadora… ¿Te agobia Argentina?

–Voy a tratar de vivir concentrado en mis lecturas y en la música. Pero soy un hombre cotidiano y suburbano, tengo que compaginar mi vida cultural con mis actividades domésticas. Voy a tratar de vivir sin la sobredosis de actualidad transgénica habitual, ni mucha televisión ni Internet. ¡Oh, mi vida austera y cultural!

Buena madera cordobesa

El nuevo disco de Andrés Calamaro comenzará a presentarse en mayo próximo. Según se informó, el tour se llamará “Licencia para cantar”, comenzará en España el 7 de mayo (en Logroño, más precisamente, para luego seguir por San Sebastián, Valladolid, Pamplona, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza) y tiene previsto desarrollarse en Argentina hacia fines del segundo semestre. Es más, VOS pudo saber que Córdoba ya tiene un concierto garantizado, aunque por el momento los organizadores no resolvieron en qué espacio se ofrecerá.

Germán Wiedemer no será el único respaldo que tendrá Calamaro para este nuevo espectáculo, pensado para auditorios cerrados. También serán de la partida el contrabajista español Antonio “Tonio” Miguel y el percusionista cordobés Martín Bruhn, radicado en Madrid desde hace años.

–¿Cómo llegaste a Martín, Andrés?

–Antonio Serrano nos aconsejó llamar al contrabajista Toño Miguel, y Toño nos recomendó una trifecta de percusionistas de alto nivel. Y el más dispuesto es Martin. Ya estamos escuchando todos el mismo repertorio y vamos a ensayar en abril para ofrecer conciertos a partir de mayo. Martín es muy respetado por los músicos y me siento honrado de estrenarme con un trío de músicos tan buenos.

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