Ciro abrió el año con un increíble show

Ciro abrió el año con un increíble show

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El ex líder de Los Piojos se presentó en el Polideportivo de "la feliz". Y hubo muchas sorpresas.

“Sabe a dónde va, sabe de dónde viene” fue el estribillo con el que Ciro (50) abrió el sábado su primer recital del año junto a Los Persas en el Polideportivo de Mar del Plata.

El estadio techado -con el campo prácticamente repleto y algunos espacios vacíos en las plateas- fue ideal para que la lluvia y el viento no le bajaran la temperatura a un show que duró (nada menos que) tres horas y cinco minutos y que, sobre el final, el músico dedicó a los tripulantes del submarino ARA San Juan y a sus familiares.

Para ellos tocó el Himno con su armónica, con las luces prendidas y con las banderas de distintas localidades -Garín, Merlo, Villa del Parque, Córdoba, Lanús- ya leídas desde el escenario, en un ritual de despedida que se repite desde hace décadas.

Pero antes de ese final, Ciro dio cuenta de que sabe a dónde va. “Tenemos casi listo Naranja Persa 2, que la rompe. Esperamos que para marzo esté en las bateas de sus disquerías preferidas”, anunció desde el escenario que se tiñó varias veces del color que ahora identifica al músico, aunque su público haya pogueado especialmente aquello de “Voy a llevarte en mí / y ahora sé muy bien / que me llevarás / hasta donde estés, a donde vayas / un tatuaje azul, en la voz azul”, como quien acaricia un recuerdo.

Ciro también sabe de dónde viene. Las banderas piojosas diseminadas por el estadio, el ruego “sólo te pido que se vuelvan a juntar” cuando Micky Rodríguez -bajista de Los Piojos- pisó el escenario para que todo el estadio cantara Tan solo, la monada que gritó el estribillo de Babilonia en el campo a ver si lograba colarla en la lista de temas, también fueron parte de su show anoche.

Inevitable, el espíritu de Los Piojos rondó el escenario desde los primeros minutos: la segunda canción de la noche fue Taxi boy, de Tercer Arco, con arreglos de vientos que la volvieron más funk.

Varias horas después, cuando la Cruz Roja ya había tirado litros de agua a las primeras filas del campo para refrescar al público, el espíritu seguía intacto: Cruel -un clásico del primer disco piojoso- fue la anteúltima canción de la noche.

En el medio, de la armónica de Ciro salió la melodía de Pistolas, cantó junto al piano Canción de cuna, saltó a la par del público en el pogo de Luz de marfil, tiró piñas de boxeador mareado en Como Alí, tocó la guitarra en Genius y en Maradó, y enganchó las estrofas de El farolito con las de El balneario de los doctores crotos y, con bailarinas y músicos con pelucas sobre el escenario, las volvió a enganchar con las de Muévelo. Y todo el mundo saltando contento.

Ciro y Los Persas no estuvieron solos sobre el escenario. Además de invitar a Micky, hicieron subir a Benjamín Amadeo -“un amigo que conocí hace poco y al que quiero mucho”, dijo Ciro- que acompañó al frontman en Me gusta e imitó a Messi, Maradona e Indio Solari. Emiliano Brancciari, de No Te Va Gustar, acompañó al cantante en Insisto, y Amadeo volvió al escenario durante la larga zapada final para colar unas estrofas de Los viejos vinagres.

Ciro sabe a dónde va: sobre la base sólida de los clásicos piojosos, más apoyado en trompeta, trombón, saxo y teclados que durante aquellos años, hizo bailar al Polideportivo incluso al ritmo de la narración del robo de su tostadora (Give me back my toaster).

Y construyó el pogo más grande de la noche sobre el estribillo de una de sus canciones solistas, Antes y después. Se sacó el micrófono de la boca para que fuera el público el que le gritara a él aquello de “qué placer verte otra vez”.

Es que ahí está el truco: hay miles que se reunieron en busca de algunas canciones. Las que extrañan y las que recién empiezan a conocer. Ciro y su banda las tocan. Y todo el mundo saltando contento (bis).

 

Fuente:Clarín

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